domingo, 19 de abril de 2020

Escenas I


"Niña que espera en la vereda"




Lo esperaba en cada salida. Lo seguía con la mirada y aguardaba entre la gente, ansiosa, de modo que él, al salir no tuviera más opción que verla. Entonces le decía: “Chau León”, con una sonrisa ligera, transparente como la resignación cuando es digna.
Caminaba desgarbada y era obvio que no se hallaba ella, con sus diez años a cuestas, entre las más lindas del salón. Era morena. Pelo empedernidamente negro, como sus ansias. No pertenecía al gremio de las Flacas Fideístico-hegemónicas ni al de las Gordas Declaradas. Digamos que hasta su peso sufría el mal sabor de la mediocridad.
La última vez que la vi, caí en cuenta de que me estaba observando con minucia: mis rulos se parecían demasiado a los de una muñeca de trapo que ella traía entre sus manos. La muñeca también era morocha y hasta a mí me dio risa la similitud. También era marginal. Quizás también esperaba.
Su insistencia comenzó a incomodarme, entonces supe que había algo más en su mirada inventariada sobre mi persona: yo pertenecía al mundo de León. Conocerme a mí, intentar descifrarme, implicaba estar más cerca de su mundo, así fuera a pizcas, a umbrales, a suspiros. Me miraba con simpatía, como buscando complicidad.
Luego de esos extraños minutos, detenidos en las 12 en punto, cuando todos los niños del mundo huyen de las escuelas primarias, detrás mío, entre la muchedumbre de niños gritando y saltando y de maestras afónicas, lo vio venir, entonces dijo, con el amor paciente de siempre: “Chau León”. Así, simple, sin signo de exclamación alguno.
Entonces pensé, ¿quién no habrá sido alguna vez allá lejos o no tan lejos, allá triste o allá sola, ¿quién no habrá sido alguna vez esa niña con ese amor puro, ese amor de los 10 años, todavía entero, esperando sonriente en la vereda de una escuela?
Las palabras de León, secas, inertes, sin color alguno, me llenaron de vergüenza. Entonces, saliendo de mi trance, lo subí a la bicicleta y nos alejamos los dos, lejos, a toda velocidad, de la niña, de su muñeca, de toda su inocencia.

2 comentarios:

  1. con una sonrisa ligera, transparente como la resignación cuando es digna. Jajaja! Tremendo.

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  2. Demasiado lindo para que no explote

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